El modelo Focus

Los procesos de formación y de desarrollo personal de FOCUS se basan en la integración de estos modelos:

El enfoque sistémico

Es uno de los modelos de terapia más revolucionarios e influyentes en las últimas décadas, y ha creado enormes posibilidades de intervenir eficazmente en terapias familiares y de pareja, aportando una nueva forma de concebir cualquier proceso de cambio individual, relacional u organizacional.

La terapia sistémica nos ayuda a entender a las personas en el contexto de sus relaciones significativas y de las características de los grupos sociales y la cultura de los que forman parte. Cada sistema relacional (pareja, familia, empresa, equipo de trabajo) tiene una historia, una estructura, un clima emocional, unas reglas implícitas, unos valores, unas pautas de funcionamiento, y todo ello va evolucionando a lo largo del tiempo para adaptarse a distintos cambios y crisis. Cuando hay problemas en las personas o en las relaciones, no se considera que se deban a la patología o intencionalidad de los individuos, sino a posibles “atascos” en el sistema a la hora de generar nuevos patrones de relación. La labor del terapeuta es establecer una relación de colaboración para facilitar el cambio, explorando cómo se generan los “círculos viciosos” (los intentos bienintencionados pero ineficaces de solucionar los problemas) y promoviendo otras formas de percibir la realidad y de relacionarse que generen mayor satisfacción y posibilidad de crecimiento para el sistema y para todos sus miembros.

La terapia narrativa

A partir de la terapia sistémica y del construccionismo social surgió este enfoque innovador y creativo, que da prioridad al conocimiento y experiencia de las personas (en lugar del “conocimiento experto” de los profesionales). Se basa en la premisa de que nuestra forma de percibir la realidad, e incluso la propia identidad, se construyen en la interacción con los otros.

En la terapia narrativa se ayuda a las personas a poner fuera los problemas que les afectan para investigar cómo actúan, cómo han surgido y se mantienen, y también, cuáles son las cualidades, destrezas o recursos personales, relacionales o sociales que contribuyen a mantener esos problemas fuera de sus vidas. A través de esta indagación colaborativa, se abre un espacio para que emerjan nuevas historias alternativas y para reflexionar sobre las historias dominantes que han dado forma a sus vidas. Surgen así posibilidades para otros estilos de vida, de relación y de visión de sí mismos basados en lo que las personas consideran valioso o preferible, reforzando así su posición como agentes activos a cargo de su propia vida.

La perspectiva de género

Por el hecho de nacer hombre o mujer recibimos desde nuestra infancia, en la familia de origen yel entorno social una serie de mensajes y expectativas acerca de cómo somos o debemos ser. Estos aprendizajes vitales influyen poderosamente en nuestra imagen y valoración de nosotros mismos y en nuestras formas de pensar, sentir, actuar y relacionarnos.

Mujeres y hombres afrontamos en la vida adulta, por ejemplo en las relaciones familiares o de pareja, dificultades que en muchas ocasiones tienen que ver con esos mandatos que hemos incorporado, que a veces nos limitan (por ejemplo, en la autoafirmación de las mujeres o la expresión emocional de los hombres) o no encajan con nuestra experiencia personal. La perspectiva de género es fundamental para visibilizar y desvelar la poderosa influencia de estas expectativas de género familiares, culturales y sociales, abrir la posibilidad de cuestionarlas y ampliarlas, y generar así nuevas claves para el cambio en cualquier proceso de crecimiento personal.